La piel es más que una cubierta para el cuerpo. Además de protegernos de bacterias, golpes y radiación, ayuda a regular la temperatura y nos permite sentir el mundo a través del tacto.
Pero cuando este órgano resulta gravemente dañado —por una quemadura, un accidente o complicaciones derivadas de la diabetes— las opciones de tratamiento suelen ser limitadas.
Ante este desafío, investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) desarrollaron una tecnología capaz de generar nueva piel mediante andamios de nanofibras biopoliméricas, una innovación que ya obtuvo la patente 397919 otorgada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.
“Representará una alternativa viable para tratar el pie diabético, porque este tipo de heridas suele tener una capacidad de regeneración muy limitada y frecuentemente termina en amputaciones”, explicó el investigador Eduardo San Martín Martínez.
Todo comenzó con una pregunta
La historia de esta investigación se remonta a 2013.
Tras regresar de una estancia académica en Bélgica, Eduardo San Martín escuchó hablar sobre las nanofibras. Aunque conocía el término, admitió que sabía poco sobre ellas.
La curiosidad fue suficiente para iniciar una línea de investigación que terminaría convirtiéndose en uno de los proyectos más prometedores del Laboratorio de Biomateriales del IPN.
Uno de los estudiantes que más se entusiasmó con la idea fue Josué Jiménez Vázquez, quien incluso recibió el apodo de “El Hombre Araña” por su dedicación a la fabricación de estas estructuras microscópicas.
Sin recursos especializados para producirlas, profesores y alumnos construyeron de manera artesanal los primeros equipos utilizando componentes reciclados de antiguos aparatos de laboratorio e incluso partes de televisores.
Aquellos prototipos rudimentarios fueron el inicio de una investigación que hoy cuenta con reconocimiento internacional.
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Nanofibras hechas con colágeno de pollo y tilapia
El objetivo de los científicos era reproducir artificialmente algo que el cuerpo humano utiliza de forma natural: la matriz extracelular.
Se trata de una compleja red que sirve de soporte para las células y participa activamente en la reparación de tejidos.
Para imitarla, los investigadores desarrollaron andamios elaborados con nanofibras de colágeno y otros biopolímeros biodegradables.
Lo interesante es que el colágeno se obtiene de residuos naturales como piel de pollo y de tilapia, materiales que son sometidos a diversos procesos de purificación y caracterización para garantizar una calidad comparable a la de productos comerciales.
La idea es que estos andamios funcionen como una especie de estructura temporal donde puedan crecer las células responsables de formar nueva piel.
El arte de tejer estructuras invisibles
Las nanofibras son tan pequeñas que resultan imposibles de observar a simple vista. Su diámetro oscila entre 100 y 200 nanómetros, es decir, miles de veces más delgadas que un cabello humano.
Para fabricarlas se utiliza una técnica llamada electrohilado, que consiste en aplicar altos voltajes a una solución especial para generar filamentos microscópicos que se entrelazan formando una red.
Sin embargo, producirlas es apenas el primer paso.
Los investigadores deben controlar cuidadosamente variables como la concentración de los materiales, la distancia entre electrodos y el voltaje aplicado para conseguir una estructura que se parezca lo más posible a la matriz extracelular natural.
Una portada internacional y una pregunta inesperada
La similitud alcanzada por los científicos fue tan notable que una investigación publicada en una revista de la Universidad de Cambridge llevó a la portada una imagen de la matriz creada mediante nanofibras.
El título resumía el asombro de los especialistas: “¿Cómo consiguieron eso?”.
Para San Martín, ese reconocimiento internacional confirmó que el equipo había logrado reproducir con gran precisión una estructura que la naturaleza perfeccionó durante millones de años.
La piel comienza a crecer
Las pruebas realizadas en laboratorio consistieron en sembrar células de la piel sobre los andamios de nanofibras.
Con el paso de los días, esas células comenzaron a multiplicarse hasta formar sustitutos de piel.
Según los resultados reportados por el equipo, después de 16 días lograron generar alrededor de 10 centímetros cúbicos de tejido cutáneo en condiciones de laboratorio.
Posteriormente, el propio organismo sería capaz de absorber gradualmente el andamio artificial mientras desarrolla su propia matriz natural.

El siguiente paso: llegar a los pacientes
Tras obtener resultados alentadores en laboratorio, los investigadores avanzan en estudios con modelos animales.
Además, han incorporado factores de crecimiento para acelerar la regeneración de los tejidos y exploran la posibilidad de añadir nanofármacos que permitan tratar enfermedades como diabetes, hipertensión o ansiedad mediante sistemas de liberación controlada.
La meta final es colaborar con hospitales para probar esta tecnología en pacientes con pie diabético y otras lesiones complejas.
Ciencia con propósito
Más allá de las patentes y los reconocimientos, Eduardo San Martín asegura que el verdadero objetivo del proyecto es mejorar la calidad de vida de las personas.
“La ciencia sin conciencia no sirve”, afirma el investigador.
Esa filosofía ha guiado durante años el trabajo del Laboratorio de Biomateriales del IPN, donde la innovación busca responder a problemas reales de salud y ofrecer nuevas alternativas para quienes más las necesitan.
Esta nota está basada en el reportaje “Nanofibras de aplicación farmacológica para el tratamiento de lesiones cutáneas”, de la periodista Claudia Villalobos, publicado en la Gaceta Politécnica del IPN, trabajo que recibió Mención Honorífica en la categoría de Contenido Escrito del Premio Nacional de Periodismo en Salud 2026.
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